
Espiga
Un clásico sin fecha de caducidad. Tablillas en V, un ritmo cálido y regular para cualquier estancia.

Parqués de dibujo, mosaicos y marquetería, colocados pieza a pieza. Roble, nogal, fresno — madera real, no laminado. Un suelo que se pisa décadas y solo envejece bien.

Elegimos cada tablilla por su veta y su tono, la cortamos a medida y la colocamos pieza a pieza. No hay dos suelos iguales — nadie repite los anillos. Un parqué macizo se puede lijar y aceitar de nuevo, así que dura generaciones, no unas temporadas.
Aparejos de parqué clásicos y marquetería incrustada. Hacemos cada patrón en roble, nogal o madera teñida. Contenido de ejemplo; añade tus proyectos en tu versión.

Un clásico sin fecha de caducidad. Tablillas en V, un ritmo cálido y regular para cualquier estancia.

Cortado en ángulo en un zigzag continuo. Elegancia francesa que estira el espacio.

Grandes paneles tejidos — cuadros con veta opuesta. Un ritmo sereno y palaciego para estancias amplias.

Una figura incrustada directamente en el suelo — un medallón, una cenefa, un monograma.


Medimos la estancia, elegimos el patrón, la madera y la dirección, y preparamos el plan de colocación.
Cortamos y clasificamos las tablillas por veta para que el patrón encaje y las juntas casen.
Colocamos pieza a pieza sobre la base, encolando y prensando para que el suelo aguante y no cruja.
Lijamos y aplicamos aceite o barniz — una superficie que se puede renovar con el tiempo.

Hago los suelos yo mismo, del dibujo a la última tablilla — no en una cuadrilla a tres plantas al día. Elijo la madera en el aserradero y la clasifico por veta para que el patrón aguante. Un parqué macizo lo lijo y aceito de nuevo con el tiempo, así dura otra generación. Mejor un suelo bien hecho que tres con prisa.