
La tela sale verde de la cuba y se vuelve azul en tus manos — la magia lenta de un añil vivo. Sin sintéticos, sin atajos.
En una cuba reducida, el tinte es leuco-índigo — soluble y amarillo-verdoso. En cuanto la tela húmeda toca el aire, el oxígeno lo transforma en indigotina: azul. Cada inmersión es breve; el color se construye, no se vierte. Desplázate y observa cómo la tela respira azul.


Hoja de añil compostada, lejía de ceniza de madera, salvado de trigo y calor. Se mantiene viva y se remueve — una cuba se alimenta, no se mezcla.

La tela se pliega, ata o sujeta, y se sumerge con suavidad. Inmersiones breves, sin salpicaduras — el aire es el enemigo dentro de la cuba.

Sale, verde y goteando. Al aire libre se oxida ante tus ojos, pasando de verde a azul en un minuto.

Inmersión, aire, reposo — de nuevo. Cada pasada profundiza el azul y lo fija. La profundidad es paciencia, no concentración.
Cada pieza se ata a mano y se sumerge hasta la profundidad deseada. Ninguna resiste el tinte de la misma manera.




Mantenemos una cuba de fermentación viva y teñimos a mano — shibori, boro y telas lisas para quienes buscan un azul auténtico. Todo es añil natural, sumergido y aireado a la luz del día. Aceptamos pocos encargos y nunca apresuramos un color.
Cuéntanos la tela, la profundidad, el uso — te enviaremos una muestra teñida a tu tono y un precio.